Prólogo a "Poemas breves"
El
original de este libro estaba escrito en un cuaderno; en uno de esos
que tienen las páginas cortadas por finas líneas grises como las que
rayaron y pautaron nuestra infancia en la lejana escuela.Uno de esos
cuadernos que proclaman enternecedoramente su propia personalidad en la
portada con un gran letrero: "Cuaderno". Y por eso tienen la honradez de
las cosas que se nombran a sí mismas con la franciscana humildad de los
nombres comunes, de los que todos queremos huir. Y la caligrafía:
dulce, morosa, cuidada...Se veía que sobre aquel cuaderno estuvo
inclinada la presencia de un hombre cuidadoso, pulcro.La difícil
presencia de un hombre serena y seguramente emplazado en su mundo
entorno. Así debe de ser --no le conozco-- Juan Patiño Torres.
Sospecho de él, por la lectura de sus "Poemas breves", que depura y
destila una enseñanza propia en cada hora de cada día. Sospecho que es
un hombre bueno. Y sé --si los libros no nos enseñasen la personalidad
de su autor, apenas si nos enseñarían cuatro verdades frías y
objetivas-- que casi no supo aprovechar como arma de defensa la
experiencia de unos cuantos desengaños de su vida --no sé los que habrá
tenido, ni si los habrá tenido; pero siempre hay desengaños en la vida
para las personas inteligentes y sensibles--. Lo sé porque si, a veces,
en sus poemas admirablemente condensados, brota alguna amargura, la
mayor parte de ellos conservan, ilusión, entusiasmo, lirismo... Patiño
adivina un alma infantil en cada estrella fugaz que raya el cielo;
encuentra en la rosa el rubor de las mejillas de la Humanidad; considera
a la margarita como el beso de un niño en el rostro del campo... Y
hasta cree que la la mujer es un poema y que su sonrisa es un canto de
amor. Cuando alguien sabe así superar, por una gran reserva de ternura y
hasta de ingenuidad, su situación en el mundo, es que realmente es un
hombre, todo un hombre. Sólo recuerdo un libro que me haya dado, como
éste, la clave de la hombría del autor a través de su ternura. Aquel
libro era "Ricordi da scuola", del humorista italiano Mosca, maestro de
primera enseñanza en su país.Y aquél fue uno de los mejores libros que
leí en mi vida. Juan Patiño Torres, como Mosca, debe ver un mundo
infantil y pequeño, lo cual es la única manera exacta de ver el gran
mundo. (No olvidemos Cajal:"El telescopio disminuye el mundo: es el
microscopio el que lo agranda").Para el autor de este libro, el mundo
parece ser un conjunto de detalles jugosos. Y, en cada uno de ellos, la
huella de Dios fresca y nueva, como está la del alfarero en el barro
recién hecho.Es admirable ver con qué entereza --aunque es posible que
sea inconsciente, que es lo honrado-- este escritor separa el vicio
humano de la primera materia del hombre, de esa prima esencia
aristotélica o de aquella virginal materia impalpable que hay en cada
hombre, según los escolásticos, y que es donde está la inocencia que
después se conserva o se pierde. Por eso, por ese retorno continuo que
veo en Patiño a la inocencia primitiva del mundo es por lo que le
encuentro amorosamente inclinado sobre un mundo infantil, tierno y
débil. El autor no justifica ni el pecado ni el vicio. Pero sabe que no
todo es pecado ni vicio en el hombre. Sabe que, en el fondo, todos
tenemos algo desgarradoramente triste de seres solitarios, desamparados
en el tremendo juego cósmico. Para nosotros, para los torpes y
desangelados melancólicos del mundo que no supimos superar la angustia
de la individualidad, la estrecha cárcel del mundo, estos "Poemas
breves" de Juan Patiño Torres son una sonrisa comprensiva y consoladora.
Una invitación a que entremos en su mundo donde, después de saberlo y
vivirlo todo, se puede optar por el regreso al lejano jardín de la
niñez...
Eduardo Haro Tecglen
Eduardo Haro Tecglen
Prólogo a la novela "NO"
No
es nada fácil prologarse uno a sí mismo la obra que ha escrito. Y no lo
es por cuanto que, como hija suya, el gran amor que el autor le tiene
hace que le ponga una venda en sus ojos, impidiéndole ver los defectos
que pueda tener.Pues no en balde dijo Cervantes que "el más difícil
conocimiento que hay en la vida es el de conocerse a sí mismo".Y esto
es lo que a mí me sucede en el apurado trance de hablar de mi novela. La
intitulo NO, porque en ella censuro todo lo que,a mi parecer, es malo,
injusto y perverso en el mundo y lo rechazo de plano; y si bien tiene
algunas escenas escabrosas y crudamente realistas, todas ellas, en
cambio,tienden a educar la voluntad y formar el carácter. Sospecho que
ésta tiene defectos y no pocos; pero no sé cuántos ni cuáles sean, ya
que el cariño que siento por ella me impide detectarlos. Ahora bien; lo
que sí puedo asegurar es que en su creación he puesto mi mejor voluntad y
el más noble de mis afanes: el de servir, primero, a mi Patria; y
después, a la Humanidad. Bien es verdad que hoy día --todos lo
vemos, aunque sea con las gafas de vista corta de una pequeña cultura--
se está verificando en el mundo una gran revolución en la manera de
ser y de pensar. Hoy ya no se piensa ni se siente como hace un cuarto
de siglo, o más; ni se ve discurrir a la Historia con la misma
pasividad de antaño. Ahora, no.Ahora nadie quiere sentirse ajeno a la
confección de la historia de su Patria, que es un retazo de la historia
de la Humanidad. Y sobre todo en lo que respecta a la Juventud --así
con mayúscula--. Esta se siente sujeto imprescindible de dicha
Historia,y quiere actuar como tal, configurando un mundo futuro muy
distinto a éste en que vivimos, aunque conservando todo lo que tiene de
bueno y utilizable,que, a decir verdad, no es poco; pero arrumbando de
manera total y definitiva en el desván de la jubilación, tantas guerras,
tantas injusticias, tanta ignorancia, tanta hambre,tanta esclavitud,
tanto vicio y tanto vago...Por eso, esta Juventud de hoy pide a la
generación presente, en vista de su total fracaso en lo que se refiere a
la evitación de tales lacras, que avergüenzan a la Humanidad digna, le
pide, repito, paso franco para organizar otro mundo en el que triunfen
la bondad, la libertad, el saber y la justicia...¿Es esto lo que quiere
la Juventud de nuestros días? Yo creo que sí. Y no otra cosa significa
la denominación de ye-yé que ostenta envuelta en el ropaje de sus
excentricidades, pero que son el grito insobornable de protesta contra
el rotundo fracaso de una civilización varias veces milenaria,que no ha
sabido o no ha querido organizar una sociedad con iguales derechos que
deberes y en la que el perverso, el holgazán y el vicioso no tuvieran
sitio... Porque uno de los más flacos servicios que cualquier
ciudadano prestaría a su Patria, sería el de conocer defectos y vicios
de ella, y que no contribuyera siquiera a corregirlos.Cometería un
delito de lesa Humanidad. Es como si un padre descubriese un vicio en su
hijo y no procurase o, al menos, intentase extirparlo. Quien tal
hiciera, no sería buen padre, y mancillaría tan venerable nombre.
Pues bien; igualmente considero que ninguno de los humanos cumpliríamos
con nuestra misión de ciudadanos libres del mundo si, habiendo
observado en la Humanidad errores, vicios y defectos, no procuráramos,
cada cual en la medida de nuestras fuerzas, hacerlos desaparecer de la
faz de la tierra. Si tal sucediera, no seríamos personas dignas;
seríamos gangsters dispuestos siempre a cobrar la mejor pieza, sin
más preocupación... Pero estoy seguro de que todos queremos un mundo
mejor; es decir, sin mentiras, sin injusticia, sin hipocresía, sin
vicios, sin atropellos... Y esto es lo que me he propuesto con mi
novela: contribuir, con la modestia de mis pequeñas fuerzas, a formar
una Humanidad más sincera, menos perversa y más justa... Ahora, los
amables lectores tienen la palabra...
Juan Patiño Torres
Hola Antonio, he conseguido Grafelas I, pero lo más interesante es que tengo ciertos poémas y escritos de tu padre, que voy a publicar pronto en un trabajo sobre los años 30 en Miguel Esteban. un abrazooo y si tenéis libros de tu padre, me gustaría compraros uno.
ResponderEliminarHola, Vicente: Cuenta con ellos. O bien te pasas un día que podamos (sin confinamiento) y, por su puesto, sería un regalo de la familia.
EliminarUn saludo de Antonio.